ESPECIALIZACIÓN EN ADMINISTRACIÓN FINANCIERA

PROFESIONAL EN FINANZAS Y RELACIONES INTERNACIONALES

Consultor financiero para diferentes firmas

jueves, 14 de junio de 2012

En la tierra no hay vida inteligente

Recuerdo a Jaime Garzón exponer un pasaje de un texto, en una conferencia en una universidad de Cali ante varios estudiantes en el año 98, que explicaba los resultados de una investigación de unos extraterrestres que observaban con detenimiento las dinámicas sociales y la organización productiva en la tierra. Estos observadores, tras un detallado reconocimiento de nuestra forma de vida, llegaron a la conclusión que no era útil hacer un contacto directo con los humanos porque no se hallaban pruebas que comprobaran la existencia de vida inteligente. Como especie, vivimos en un sistema donde sistemáticamente hemos tomado decisiones que confirman los hallazgos de los visitantes del espacio. Movidos por los deseos de poder, los miedos y el individualismo, se han tomado las decisiones más tontas posibles, que nos tienen viviendo en una realidad sin sentido. Hay muchos casos que prueban la ilógica de construcción moderna, uno es el modelo de consumo. Las enfermedades que se han proliferado en el mundo son las relacionadas con el estrés y las cardiovasculares. Estamos en una sociedad donde, como afirmó Tyler Duren en la película el club de la pelea, “tenemos trabajo que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”. Consientes de una pasión por el consumo, pero inconscientes de lo que hacemos para satisfacerlo, los humanos hemos sido los culpables del simbiotismo de nuestros modelos de vida con el crédito. La pasión por adquirir cosas hace que tomemos decisiones tan tontas como pagarlas mucho más caras, muchas veces más. A través del consumo financiado, nos desentendemos de la lógica de la economía clásica de la racionalidad del consumidor. Keynes se sorprendería al ver que los consumidores de hoy no se dirigen hacia los lugares del mercado donde es más barato, al contrario, siempre buscamos el camino más caro. Este modelo de consumo hace que, con intención pero sin conciencia, las personas decidan empeñar todo su futuro para comprar cosas, ¿Qué puede ser más irracional que sacrificar la vida por un objeto? Hagamos el ejercicio, a los 24 sale de la universidad, primera tarjeta de crédito y endeudado hasta los 28, a los que les va bien. Luego un carro, endeudado 5 años más, ya tiene 33. Y luego la casa, con un crédito a 20 años ya tiene 53. Listo ahora si a vivir. Con una casa que después de 20 años ya no le gusta y un carro que después de 25 no vale nada. Sin embargo, es común escuchar a la gente decir: ¿entonces como voy a tener algo si no me endeudo? ¡Tonto! No tiene nada es porque se endeuda. Otro caso. Seguimos a gobernantes que odiamos. Sin embargo, no se puede olvidar el viejo proverbio que reza que “cada pueblo merece el gobernante que tiene”. Si Colombia tiene a estos Gobernantes, ¿cómo es el pueblo? Pues bien, seguimos con las decisiones torpes. Resulta que la legislación de un país, requiere discusiones muy técnicas en muchos campos, sin embargo las leyes son hechas por abogados; pido el debido respeto que merece el gremio. Pero es que nuestros legisladores no tienen idea de números, principios económicos, ingeniería, ciencias, tecnología, y es por esto que las leyes son armadas al acomodo de intereses, sin rigurosidad y basadas en la ancestral sabiduría del olfato No elegimos a nuestros dirigentes basados en su competencia, ética moral, empatía con las necesidades de los gobernados, capacidad de liderazgo, ejemplo o inteligencia. Elegimos Gobernantes con la pereza, con el miedo, con la negligencia y decidiendo sobre la ignorancia. Los elegimos por su capacidad de asumir una arrogante superioridad sobre la sociedad y por poder demostrar, con amplia gala, que sus intereses personales son muchísimo más importantes que los de cualquier otro. En definitiva no elegimos gobernantes para que cumplan un deber constitucional sino para ponerlos en pedestales, para cómodamente quedarnos en el hueco mientras culpamos de nuestras desgracias a quienes elegimos para no sacarnos de ellas. La religión, ¡ay! Dios nos ampare. Seguimos doctrinas espirituales encaminadas hacia la destrucción de la autoestima, la banalización de la divinidad y el desconocimiento de la construcción emocional y energética. Básicamente creemos en otros humanos, tan imperfectos como todos los demás. El sentido de vida se desvanece en la medida que nuestras creencias están soportado en algo frágil. Sin embargo, la condición cultural ha hecho un mercado de la fe, y de nuevo, seguimos con el corazón lo que alcanzamos con dinero. Y en este campo, vuelven las decisiones tontas. Se ha decidido que el uso del condón es antirreligioso, cuando es por esto que existe tal proliferación de enfermedades. Si hablamos del celibato como mecanismo de prevención, seguimos sin entender quienes somos y como vivimos. Se comenta sobre la necesidad de sometimiento ideológico (y de paso dejar unos pesitos) cuando el modelo de vida que ha surgido es precisamente por no enseñar a la gente a pensar y a amarse a sí misma. El tema de la legalización o no de las drogas es uno de los más estúpidamente manejados. El mundo, hasta el día de hoy ha concluido por consideraciones morales (porque las decisiones han sido altamente moralistas, sin desconocer los motivos económicos), que las drogas aprobadas para el consumo van a ser las más nocivas y destructivas de todas. El alcohol y el tabaco son los productos psicoactivos más destructivos física y socialmente que hay. Son los productos que más personas matan en el mundo y las causales de profundas problemáticas sociales. La violencia intrafamiliar, la violencia a menores, los accidentes de tránsito, la degradación cultural, entre otros, son los efectos más claros sobre los perjuicios del alcohol. Desde su legalización en EEUU en los años 50, se ha convertido en un elemento esencial en el intercambio cultural en los pueblos occidentales y su uso se ha proliferado a todos los estratos y esferas sociales El tabaco, por su parte es el motor que ha impulsado al cáncer como una enfermedad de primer nivel (según la OMS este producto mata 100 millones de personas al año; debe ser que es considerado una herramienta de control poblacional). A pesar de sus graves consecuencias, la dinámica de toma de decisiones de política pública funciona con una lógica irracional. Recuerdo al ex ministro de salud, promoviendo la prohibición de la venta al menudeo de cigarrillos, bajo el argumento de hacer frente al consumo de tabaco. Ahondando en la lógica de las adicciones, es la decisión de mayor sinsentido que se puede aplicar. Se sabe que el cigarrillo es una de las drogas más adictivas del mundo sólo superada por los opiáceos, y con esto, es lógico que si a un consumidor le niegan el acceso a la unidad ira por el paquete completo. Con esto hay mayor disposición a fumar y el adicto aumentará su consumo. Entonces, cabe preguntarse por qué cuando se tomó esta determinación los únicos que protestaron fueron los vendedores ambulantes, porque las tabacaleras guardaron un plácido silencio. Se debería entender entonces, que la problemática del consumo radica en que preferimos lo peor a todo lo malo disponible. Es una decisión profundamente tonta. Muchos estudios han demostrado que existen drogas mucho menos peligrosas y nocivas para la salud y que no generan los problemas sociales que las legales. Por ejemplo, como lo demuestra Kuhn y Wilson en su libro “trabarse”, drogas sintéticas como el MDMA (que casi fue aprobado por la FDA como una droga “buena” al considerarse la sustancia de la felicidad) o la misma mariguana tienen efectos físicos mínimos y los episodios euforia generadora de pérdida de control emocional o de comportamiento en los consumidores son muy raros. Asi, si cambiáramos el alcohol y el cigarrillo por estas drogas, tendríamos mas Bod Marlies y lloraríamos a menos Rositas Elviras (QEPD). Sobre transporte, siguen las pruebas a favor de los aliens investigadores. En Bogotá, se implemento hace 10 años la medida de pico y placa para hacer un control eficiente del tráfico en la ciudad y disminuir la congestión. Hagamos el análisis, ¿Quiénes hacen el trancón? Los carros particulares ¿Quiénes tienen carros particulares? Las personas con poder adquisitivo. Si yo acostumbro a salir a la calle en mi carro, pero no lo puedo sacar, tengo dos opciones: o compro otro con mis excedentes, o si no tengo, vendo el actual y compro dos más económicos. Con esta dinámica el parque automotor en Bogotá se multiplico por 5 en los últimos 10 años. Oda a Petro por el desmonte del pico y placa, espero que lo elimine del todo pronto. La solución, como muchos expertos lo han dicho debe ir atada de dos temas, el desarrollo de mejor transporte masivo y el desincentivo del uso del carro particular. Porque, dejémoslo claro, los pobres no hacen trancón, son los ricos quienes lo hacen. (Como leí en una publicación de una imagen en facebook, cuando dices ¡estoy atorado en el tráfico! La respuesta es: ¡oye! ¡Tú eres el tráfico! Así, estoy de acuerdo con los extraterrestres de Garzón, y en definitiva en la tierra parece no haber vida inteligente, o por lo menos si llegaron a Colombia hicimos quedar mal al resto del planeta. CARLOS FAJARDO

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