Las finanzas como área de estudio es el conjunto de herramientas e información para el análisis de los mercados de capitales. Durante los últimos 50 años se dio el proceso de evolución de esta técnica y se consolidó como el área de mayor influencia en todos los sectores de desarrollo de los países.
Su objetivo, como estudio, es el de promover el movimiento de los capitales de fuentes superavitarias a las deficitarias. En palabras más claras es el ámbito en el cual se genera la dinámica para hacer que se trasladen recursos de donde hay a donde se necesitan. Como definición nacida desde la consolidación del capitalismo puro es una noble intención de permitir que a través del dinero se generen los procesos que se requieren para atender las necesidades de los seres humanos, a todo nivel y en toda región.
Con la profundización de los mercados de capitales, la innovación en los negocios fue rápida y abundante, generando oportunidades para explorar nuevas formas de multiplicación del dinero. Con las bolsas, se dio un gran salto hacia la vinculación masiva de nuevos capitales y su redirección hacia fuentes productivas, como las empresas.
Sin embargo, en el proceso de consolidación de las herramientas técnicas de evaluación y seguimiento, los conceptos de riesgo y rentabilidad tomaron el protagonismo en los procesos de toma de decisiones. La consigna que promovía encaminar los análisis de inversiones hacia esta evaluación bi-variable era que debería garantizarse la optimización del uso de los recursos hacia aquellas actividades que mejores compensaciones retribuían. Por esta ruta, la evaluación de los proyectos se centró en su potencial de generar beneficios, entendidos en términos monetarios.
Con esto, y con el desarrollo de nuevos instrumentos de inversión en los mercados de capital y monetarios, se encontraron maneras de generar mayores niveles de retorno con limitaciones de riesgo. La búsqueda de estas condiciones, comenzó a llevar los recursos a consolidarse dentro de un mercado sofisticado que encontró rápidamente un dinamismo frenético de negociaciones de micro plazo (minutos) con un control de riesgo y altísima liquidez. Esto permitió que la especulación cobrara preponderancia en los mercados.
En los tiempos de bonanza, con excelentes niveles de liquidez, las negociaciones aceleradas reportaban grandes beneficios para los inversionistas y para todos los agentes que intermediaban los mercados. Esos periodos de fortuna atrajeron muchos recursos de capital, de todas las latitudes en busca de riqueza rápida y aparentemente segura. En los años siguientes, los ciclos económicos decrecientes, con la consecuente sequía de recursos y los recortes de liquidez, obligaron a una innovación en nuevas formas de reinversión de capitales y de asunción de riesgo.
Mientras esto sucedía, en el sector real se gestaba un proceso de complicaciones para la consecución de recursos para proyectos. El fanatismo por el retorno y la prevención hacia el riesgo, desplazó los recursos de los proyectos hacia el mercado de valores. Con esto, los recursos se encarecieron porque los inversionistas comenzaron a exigir mayores retornos para no entrar en el carrusel del mercado de capitales. Con esta práctica, se promovió en el espíritu de los inversionistas una preferencia por el corto plazo y por lo tanto un detrimento por la pasión hacia la gestión.
Así, en los últimos años, los proyectos que más sufrieron de abandono fueron aquellos que generan un gran retorno social pero poco económico. Los grandes economistas aseguraban que aquellos proyectos eran responsabilidad del Estado, quien era el llamado a asumir esos proyectos de “retorno negativo”. Retorno de corto plazo, claro. Los proyectos de desarrollo social son de beneficios de largo plazo y llegan a todos. No son atractivos es precisamente porque esas ganancias no se pueden concentrar, sino que deben estar al servicio de todos.
Ahora bien, ¿Qué tan cierto es que esos proyectos no generan retornos positivos? Pues es falso. Los proyectos productivos para las regiones con necesidades generan un gran retorno económico. En términos de recuperación de retornos son altamente eficientes, no sólo porque generan recursos que son atrapables, sino que generan desarrollo y este a su vez mayores y mejores mercados para expandir los retornos de los inversionistas. Lo que la cultura de las finanzas modernas dejo en los inversionistas fue pereza y temor. Temor por la fe ciega en los cálculos del riesgo financiero, y pereza por una arraigada prevención hacia la gestión.
Los inversionistas, o dueños del los flujos de capital, han de entender que es precisamente donde hay necesidades que se generan las grandes oportunidades. La sobre participación en los mercados de capitales y el mantenimiento de los recursos allí, generó que la especulación fuera la norma esencial de los negocios. La respuesta del mercado se hace sentir ahora. El mundo fue testigo en el 2009 como se esfumaron en pocos días el 10% del PIB mundial, en función de la especulación. Y con una ceguera profunda, no se hicieron los cambios requeridos con lo que ahora, en el 2011, vemos como día tras día se derrumban las economías más fuertes del planeta. Todo en función de una verdad auto verificada de deudas insostenibles.
La llamo deuda auto verificada porque precisamente los países cayeron en la crisis, no por cambios fundamentales en sus economías, sino por lecturas de riesgo del mercado de capitales, que por expectativas de enfriamiento económico han impulsado las tasas de las deudas de los países a niveles de impagables. Es así de sencillo: Supongamos que debo 1000 al 1% y tengo lo justo para cubrir esa deuda, con eso sobrevivo, pero si la tasa sube al 10% mis ingresos futuros antes justos ahora son insuficientes; entonces ahora estoy en riesgo, lo que hace que el mercado requiera mas retorno para cubrir el riesgo y me empuja a pagar 20%; así me vuelvo aun peor deudor y continua el ciclo. ¿Qué cambió de mis ingresos? Nada, ¿Que me llevo a esa situación? La lectura de riesgo del mismo mercado.
Ahora bien, con el ánimo de ser constructivo, retomemos el tema de la pereza en la inversión. El ánimo de la gestión se ha perdido, como ya lo sustenté, por un deseo de recursos con retornos de corto plazo o inversiones de mayor garantía. De allí, por ejemplo, la apuesta en el sector real, en los países de grandes recursos naturales, por la economía extractiva. Es ampliamente sabido que esta reporta pocos beneficios en términos de desarrollo por la falta de valor agregado y la preferencia por la liquidez.
El concepto de responsabilidad social, ha fomentado que los beneficios de las empresas, en especial las extractivas, repercutan en otras áreas ajenas a su negocio. Sin embargo esta práctica tiene un problema muy grande, que existe gracias a un deseo de “compensación social” y reducción de impuestos. Lo cual es un paliativo pero no una inversión que apuesta al desarrollo.
Es momento de replantear las finanzas y llevarlas de nuevo a sus raíces: la transferencia de recursos hacia donde hay más necesidades. Es imperante que se promueva el desarrollo de las Finanzas Sociales. Y no planteo el tema desde un enfoque de altruismo ni de compensación social para los menos favorecidos. Lo planteo desde la perspectiva de las nuevas oportunidades de negocio.
Nuestras regiones adolecen de grandes necesidades, sin embargo hay un obstáculo muy fuerte frente a la financiación de los proyectos encaminados a atenderlas. Análisis de proyectos de alto impacto social, me permiten afirmar que generan grandes retornos, y retornos sociales. Y me refiero a este punto haciendo hincapié a que son beneficios económicos democratizados, para hablar en términos de mercado. Es una oportunidad para que los capitales encuentren nuevas fuentes de generación de retorno a través del desarrollo de nuevos mercados hasta ahora olvidados.
Piense así, si usted fuera un gran inversionista de capital, y decidiera generar un acueducto para una pequeña población, está generando ingresos. Así mismo está generando empleo en la región, con lo que tendría usuarios con capacidad de pago. Pero la comunidad por sí sola no puede financiar el proyecto. Si usted lo hace, genera desarrollo y beneficios. Sin embargo, para dar este paso hay que hacer una apuesta, una grande para la mentalidad de los inversionistas modernos: dejar a un lado el temor al riesgo y emprender.
Esto pone en tela de juicio los principios de las finanzas, esa relación de riesgo beneficio que se ha argumentado es la vara que se ha de usar para medir todas las apuestas. Pues bien, quiero llamar un término que ha definido la historia del mundo: El emprendimiento. Este concepto ha hecho que nazcan las grandes fortunas, inversiones y cambios en todo sentido de las estructuras de la humanidad. El afán por el corto plazo ha hecho a los grandes temerosos. Los ha hecho perder la visión para acunar al tecnicismo.
Es momento de repensar las inversiones, de buscar nuevas oportunidades de negocio, de promover la inversión en negocios que atienden grandes necesidades y hacer que el capitalismo retorne a sus bases de cuna, que es un juego de ganar-ganar, donde la acumulación ha de ponerse al servicio de la creación de riqueza colectiva y no de forjar grandes e inútiles concentraciones de dinero. El paso a dar para salvar este sistema de su cataclismo es retirar los recursos de los mercados virtuales y ponerlos al servicio de las grandes ideas que revolucionan la vida de cada uno de los seres humanos en el planeta. Ahora es cuando hay que recuperar el talante y perder el miedo al riesgo.
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