Al hacer una revisión exhaustiva de la historia de formación de las economías desarrolladas, se encuentra un lugar común en todas: los ciudadanos que la conforman, junto con una política de estado bien definida, han encaminado sus esfuerzos a promover y premiar el emprendimiento hacia nuevas tareas productivas. Esta vocación ha permitido que los esfuerzos de toda el país se concentre hacia la generación de nuevos conocimientos y el desarrollo de una fuerte base productiva nacional en manos de los empresarios privados.
Es claro, como estos países han logrado posicionarse como líderes mundiales a través de la innovación y el desarrollo, por ello ostentan lugares privilegiados en los mercados porque poseen el saber y son dueños de las patentes. El emprendimiento es la base para crear un valor agregado a los procesos productivos, que es lo que genera riquezas. La simple extracción y explotación de recursos naturales no lleva a las naciones a desarrollarse, sino la capacidad de transformar materias primes y convertirlas en bienes y servicios que se necesitan.
Los ingleses, iniciaron su crecimiento a través de la innovación y desarrollo del transporte, los americanos a través del desarrollo de tecnologías en sistemas, armamento, innovación financiera y la industria farmacéutica. Los franceses a través del valor agregado en el sector agrícola, productos de alto consumo y armamento. Los japoneses, tras la revolución de los 70, se especializaron en el desarrollo de tecnología de punta, en electrodomésticos, vehículos y nuevas tecnologías. De manera más reciente, china, ha logrado su expansión a través de la potenciación de su capital humano con industrias intensivas en mano de obra de transformación de materias primas. Y la India, se ha posicionado como un mercado muy competitivo en nuevas tecnologías, desarrollo de sistemas y el sector médico.
Son innumerables los casos de éxito que se han logrado consolidar a través del emprendimiento. En consecuencia, esto abre la duda de saber como hicieron estas naciones para desarrollar esas industrias y porque países como Colombia no lo hemos hecho. La respuesta radica en la falta de políticas públicas que desarrollen el potencial de las personas en vez de estar dedicadas a profundizar los modelos de desarrollo basados en actividades productivas de extracción o de alto componente de mano de obra no calificada.
Si bien en el país se han dado muchos casos de emprendimiento, impulsado por las necesidades y objetivos personales de quienes los han liderado, no ha habido una transferencia de conocimientos y de oportunidades hacia la población. Es por esto, que en los años recientes, a pesar que se ha cambiado el modelo público y se ha incrementado la promoción de actividades emprendedoras, aun no se aprovechan debidamente, por ser lo más condescendientes. La verdad es que las oportunidades que se crean no son aprovechadas y se desperdician en grandes cantidades.
Para poder lograr que una política pública enfocada al emprendimiento genere resultados es imperante que los emprendedores se desarrollen a la par. Siguiendo con las referencias internacionales, los países asiáticos eran mucho menos desarrollados que Colombia en su momento, pero con un modelo bien enfocado lograron hacer el cambio. Esto muestra que la falta de emprendedores en una sociedad no es inherente a ella, sino que radica en una falta de formación y de implementación de principios emprendedores. Con esto, se muestra que la creación de una “cultura emprendedora” es posible y deseable, además.
Esos principios, que se requieren para lograr consolidar un cambio de mentalidad en las personas de una nacional, para que vean como cierta la posibilidad de generar empresa y de iniciar nuevas actividades, son la educación, la autonomía, la auto motivación, la legalidad y el optimismo. Es un proceso difícil de consolidar, mas cuando hay una gran historia que pesa sobre los hombros de los ciudadanos donde la esperanza de crecimiento y consolidación de un proyecto productivo es mínima. Todos hemos tenido la oportunidad de escuchar cientos de historias de iniciativas que no llegaron a feliz término sino que se consolidaron en fracasos. Y un modelo como el colombiano, donde la ilegalidad y la facilidad mostraron ser más redituables, los deseos de crear legados, proyectos productivos que perduren en el tiempo, se ha diezmado.
Las condiciones socio económicas de los colombianos han impulsado un afán económico en los hogares que no permite la consolidación de sueños a largo plazo sino que lleva a que se premie el esfuerzo inmediatista por conseguir los medios de subsistencia necesarios día tras día. Bajo esta premisa, se podría pensar que se requiere una nación rica para tener emprendedores. No es cierto. Las naciones desarrolladas de hoy fueron pueblos pobres ayer.
Lo que generó la transformación fue un cambio de mentalidad en la que se fomentó la propiedad privada, la inversión en desarrollo e innovación, premiando la creatividad y castigando la ilegalidad. Todo esto acompañado por un proceso de formación formal, a nivel técnico y profesional, que permitió a los emprendedores acceder a información que sería muy importante para su expansión. Esa información se compone de fuentes de recursos, posibilidades de capacitación técnica, conocimiento de los mercados, estudio de oportunidades de negocio y fomento del emprendimiento como una actitud en la vida. Un elemento importante fue permitir que cada quien encontrara la mejor forma de potenciar su proyecto de vida y encontrar soluciones diferentes a problemas. Considero que este punto hace mella en la historia colombiana, donde los padres de nuestros padres nos han formado con el paso de las generaciones con la mentalidad de la estabilidad y el trabajo arduo para conseguir una pensión.
Considero que es importante inculcar en los colombianos los ánimos para tomar riesgos, pero que estén dentro de un marco legal. Es necesario que desde niños se fomente la libre determinación de las personas, que cada quien conozca lo máximo de sí mismo para decidir que lo hace feliz y que explote su felicidad a través de modelos productivos. Es importante anotar que la mejor motivación para todo emprendedor es la propia felicidad, y que encontrar actividades que son placenteras y a su vez generan retribuciones económicas es un escenario que profundiza es estado de satisfacción y felicidad en las personas.
Por otra parte, el tema del rediseño, la capacidad de las personas de aprender de sus errores y capitalizar las experiencias para continuar adelante y generar proyectos aun más ambiciosos. Los colombianos tiendes a ser derrotistas porque hay una cultura de la disculpa y la culpa a terceros por las cosas que nos suceden. Es importante inculcar en los emprendedores una actitud responsable hacia sus propias vidas y con sus propios proyectos. A que sepan que lo que sucede con sus vidas y sus sueños depende únicamente de ellos, y que las externalidades son meros obstáculos que requieren ser enfrentados pero que de ninguna forma van a justificar los éxitos o fracasos conseguidos.
Colombia es un país con un potencial muy grande para el desarrollo de trabajo emprendedor. Se dice que los emprendedores brotan con más frecuencia en lugares donde hay más dificultades que en aquellos donde hay exceso de ventajas. Colombia parece ser un país lleno de recursos y de ventajas, y tal vez por eso se ha limitado la acción emprendedora. Sin embargo, existe un reto muy grande. La cantidad de recursos con los que cuenta el país, presenta un gran problema, porque su manejo cuidado y uso óptimo requiere consciencia empresarial, innovación e inversión en muchos frentes. Y las inversiones no se llevan a cabo solas, en realidad las inversiones son solo cúmulos de dineros. Lo que se requiere para poner a marchar el aparato productivo son personas.
El país requiere personas de las más altas calidades para poder hacer un uso adecuado de los recursos porque de lo contrario el nivel de desperdicio es muy grande. Se requieren ciudadanos comprometidos con la transformación económica del país, porque de no haberlos, los emprendedores extraeros si ven las oportunidades de negocio y no dudaran en desarrollarlas.
Es por esto que en Colombia se ve un mas de oportunidades donde desde el gobierno, se han de promover políticas públicas que aúnen en la consciencia de los colombianos, que se deben preparar y dedicar a trabajar rápido antes que todos esos recursos que hay en grandes cantidades en el país, terminen en manos de extranjeros.
El proceso de cambio de postura mental frente a los riesgos y la legalidad ha de tomar mucho tiempo, pero hay que iniciar el camino. A Japón le costó 30 años, 3 generaciones, desarrollar su base de japoneses empresarios que lidera su industria hoy en día. No se sabe cuánto tiempo le puede costar a Colombia, pero si no inicia la marcha, puede que esa cuarta generación no llegue nunca.
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