ESPECIALIZACIÓN EN ADMINISTRACIÓN FINANCIERA

PROFESIONAL EN FINANZAS Y RELACIONES INTERNACIONALES

Consultor financiero para diferentes firmas

martes, 1 de junio de 2010

El consumidor irracional

Toda la teoría económica está basada en el supuesto de la elección racional. Sin embargo, este supuesto deja por fuera de análisis a todos las personas reales que interactúan en la economía. Si bien existen unos criterios de toma de decisiones que se consideran lógicos, esta idea hay que dejarla en exclusiva para los agentes verdaderamente consecuentes como las empresas, cuyo fin único es la maximización de utilidades. Fuera de este ámbito están la gran mayoría de determinaciones que toman las personas.

Si suponemos que toda persona toma decisiones racionales, entonces no habría respuesta para cientos de preguntas tales como ¿Por qué las mujeres hermosas se casan con hombres feos, y se enamoran de ellos? ¿Por qué los inversionistas creen en los modelos de predicción financiera, si se ha demostrado que son inútiles? ¿Por qué las mujeres feas, aun siendo superiores que muchos hombres, no puede acceder a ellos? ¿Qué hay detrás de las decisiones de “peor es nada”? ¿Por qué las personas entablan relaciones con personas que no les atraen? ¿Por qué los mejores partidos se mantienen solteros? ¿Por qué los hombres y las mujeres engañan a quienes aman? ¿Por qué nos enamoramos de extraños y no les damos el chance a los conocidos? ¿Por qué las mujeres dicen no cuando quieren decir sí, o viceversa? ¿Por qué la indiferencia funciona como una técnica de seducción? ¿Por qué lo más riesgoso y diferente a nuestros gustos resulta en muchos casos lo más atractivo?

Las respuestas a estas preguntas, están supeditadas a una variedad de factores que normalmente se dejan fuera de los modelos económicos de análisis pero para llegar a ellas habrá que incluirlos. Sin embargo, a favor de la metodología de análisis, se iniciara con un análisis clásico basado en la elección racional en el tema de la elección de pareja en el ámbito universitario.

Pariendo desde el supuesto que la demanda de mujeres depende de las preferencias del consumidor en virtud de factores como la belleza y la cultura, se forma entonces una curva de demanda con la suma de las curvas de demanda individuales. Dicha curva creada será modificada en virtud de la intervención del factor tiempo como variable que trasforma cada una de las preferencias del individuo llevando a una curva nueva.

Suponiendo una oferta inicial dada por las estudiantes de primer semestre donde las elecciones de consumo se basan en la incertidumbre por desconocimiento, se genera un mercado de un alto número de intercambios que se irá especializando con el paso del tiempo. Supongamos que en el primer semestre la relación de belleza y cultura demandada es de 2 a 1, con lo que será entonces más deseable la cualidad física sobre la mental. En el terreno real, la demanda para las mujeres bonitas es alta poniendo a un lado del mercado, o fuera de él, a las menos hermosas.

Así entonces las preferencias del consumidor están determinadas por curvas de preferencia que favorecen la belleza. Se configuran entonces como curvas de mayor pendiente negativa. Adicional a esto, en el caso más extremo se configura un punto de no demanda donde aparece un punto mínimo de belleza requerido y por debajo del cual, los hombres no estarías dispuestos a demandar ninguna unidad bajo esa línea constante que se configura.



Dentro de este caso entran a jugar otras variables como la imagen social, el estatus, y la autoimagen, pero para hacer más simple el análisis se obviarán, pero no se desconoce que dejan en claro un fenómeno inicial que muestra que las dinámicas sociales están supeditadas a un miedo inicial sobre la integración en una nueva comunidad y la conformación de grupos sociales. De hecho, son esas motivaciones iníciales las que llevan a las personas a tomar un tiempo (que varía en cada sujeto) para evaluar sus preferencias frente a las consideraciones que encuentra en el mercado universitario. Así, esto puede entenderse como la existencia de barreras de entrada en la medida que a concepción de los individuos, se requieren unas condiciones, como el nivel mínimo de belleza, para entrar a participar en el mercado. Este punto será retomado más adelante cuando se haga una aproximación a las decisiones irracionales.

Así, teniendo en cuenta la existencia de los puntos mínimos bajo los cuales no se esperaría demanda alguna de unidades de belleza, independiente de la cantidad de cultura disponibles, y la variable tiempo, en virtud de la cual se supone un cambio en las preferencias de los hombres se pueden observar unos fenómenos. Antes es necesario profundizar en que el cambio en las estructuras de elección se dará en virtud del tiempo por dos razones. La primera está en que con el paso de los periodos académicos hay una formación académica con lo que se espera un aumento de la cultura disponible tanto en hombres como mujeres y al tiempo una especialización en la misma. En la medida que hay una cantidad mayor de cultura se puede decir que esta se abarata. La segunda razón se enfoca en que los hombres aumentan sus cualidades personales con lo que se genera una posibilidad de alcanzar una combinación más alta de las dos variables, lo que se traduce en conseguir mujeres más preparadas y hermosas.

Ahora si pues, las observaciones serian:

1) Pariendo de que las mujeres tienen la posibilidad de conocer el mercado a través de las señales que este emite, podría entonces ser claro que la información sobre la preferencia de los hombres de belleza sobre cultura, las llevaría a ellas a preferir especializarse en verse más hermosas. Sin embargo, no todas las mujeres superan los mínimos requeridos y entonces solo las que los cumplan estarán interesadas en aumentar su belleza para competir en el mercado universitario.

2) Sobre las mujeres que quedan fuera del mercado, habrá unas que traten de mejorar sus cualidades a través de externalidades positivas, que aplicándolo a economía se identificaría como un salto en las curvas de Isocuantas. Esto lo logran a través de la implementación de nuevos elementos que las hagan más atractivas en vez de darles más cultura, con lo que se identifica una renovación tecnológica que mejora y desplaza hacia fuera la curva de producción, para así alcanzar los mínimos requeridos por el mercado y entrar a él.

3) Sin embargo hay otro grupo de mujeres, que no están dispuestas a hacer esfuerzos para alcanzar los mínimos requeridos para entrar al mercado con lo prefieren dirigirse a mercados secundarios que no implique barreras de ingreso, o que tengan otras especificaciones mínimas a las cuales si puedan cumplir o estén dispuestas a hacerlo.

Entonces, para la elección en condiciones de incertidumbre combinado con las preferencias de los hombres, el nivel cultural pierde toda injerencia haciendo del mercado más radical, inclusive, tendiente a desplazar en aumento los mínimos. Sin embargo, la belleza es un bien escaso que aunque haya externalidades positivas que lo afecten, estas no lo hacen de infinito. Adicional a esto, en la medida que los mínimos aumentan, habrá hombres que al no encontrar oferta suficiente en el mercado primario, se desplazan al mercado secundario presionando el descenso de los mínimos hacia abajo de nuevo, creando un punto de equilibrio entre la oferta de mujeres bellas y la cantidad de hombres que pueden demandar en dado mercado.

En el transcurrir de los semestres el panorama cambia. Hay una disminución de la incertidumbre en la elección y se suavizan las asimetrías de información por la interacción entre las personas, lo que hace más fácil el análisis sobre las diferentes variables que afectan las decisiones. Siguiendo las dos variables del estudio, en el trascurso de los semestres, por el incremento de la preparación académica, el grado de cultura aumenta, y con ello el precio relacionado a la consecución de mujeres preparadas disminuye por efecto de la variación en crecimiento de las unidades disponibles en el mercado. En condiciones de competencia, se supondría un aumento de demanda de cultura en los hombres por la reducción del precio. De hecho, como la variación responde a un aumento de la cantidad de cultura en las mujeres, se da un desplazamiento en la curva de la oferta, mejorando las condiciones de consumo de los hombres en tanto a un nivel igual de belleza podrán conseguir mayor cultura, generando un salto en las curvas de indiferencia.

Sin embargo, al mismo tiempo, las condiciones de los demandantes tienden a regularse, y no se sostiene en el tiempo la ventaja dada, porque la oferta mejor cualificada tiende a presionar por un aumento de precio de compensación. Así, se puede concluir, que las mujeres se vuelven más difíciles de alcanzar en general, por el desplazamiento hacia adentro de los rectas presupuestales de los hombres, entendidas como la relación entre sus propios recursos y lo que pueden alcanzar. Con adición a esto, si se tiene en cuenta que los hombres también mejoran en recursos, se vuelve a dar otro punto de equilibrio, dados los beneficios adicionales que abona la cultura, con un proceso de nivelación dentro del grupo pequeño de análisis. A esto surgen dos conclusiones. La primera es que dentro de este grupo cerrado de análisis, o sea el mercado universitario, será la belleza la que siga delineando las curvas de preferencia y las participaciones de mercado de cada mujer y cada hombre. Y la segunda es que con referencia al resto de la comunidad, más allá del mercado universitario, las mujeres del grupo cerrado, que han incrementado en los componentes de belleza y cultura, se valorizan con lo que los hombres que pueden demandar este “producto mejorado” son más escasos apreciando el valor de dichas mujeres.

Teniendo en cuenta que uno de los supuestos del análisis es que ningún hombre desea estar solo (los que sí, quedan fuera del análisis), digo que en general, se puede suponer que los requerimientos mínimos, de belleza vistos en los estudiantes de primer semestre, tenderían a descender por las reducciones en la capacidad de adquisición en virtud de las menores cantidades disponibles en el mercado. Con esto, queda claro que habrá entonces mujeres que habían quedado fuera del mercado, y ahora pueden entrar en él, y por ende se espera encontrar un mayor número de relaciones entre los estudiantes de últimos semestres o los egresados.

A pesar que lo anterior, es una lógica aplicable en muchos casos (en especial para aquellos hombres que tienen una mayor propensión por la cultura), sin embargo se verá que las expectativas de belleza no disminuyen sino que se mantienen con el paso del tiempo en los análisis de grupos cerrados. Adicionando un factor nuevo, el del incremento de recursos de los hombres por formación, esa expectativa no solo se mantiene sino que aumenta.

Con el paso del tiempo, la mujer no es la única que aumenta sus atributos y por el contrario, el hombre lo hace a su mismo nivel. Con esto los hombres tienen más recursos disponibles con lo que sus preferencias estarán motivadas hacia mujeres que tengan una combinación mayor de las dos variables de elección. Con esto no solo se mantiene un mínimo de belleza sino que aparece uno de cultura también. Sin embargo este proceso tiene un punto finito que, como lo apunto Stevenson en Freakonomics con el análisis referente al mercado de parejas en internet, los hombres prefieren mujeres de alto perfil pero solo hasta el punto en que no se sientan, ellos, amenazados por ellas. Este límite se da en el campo de la formación académica y en el nivel económico, mas no en el grado de hermosura. Por lo tanto los hombres solo están dispuestos a demandar un nivel limitado en un intervalo cerrado de cultura pero con uno abierto en la variable belleza.

Esto conduce a dos puntos. El primero está en que los hombres siempre desearan maximizar el atributo belleza en sus decisiones pero se mantendrán en un delicado margen para la cultura. El segundo esta en relación con un análisis costo-beneficio, donde las mujeres, por este análisis preferirán invertir en belleza que en cultura por ser más económico, como lo demostró Stevenson, y más eficiente como lo concluyo el modelo. Así, aquellas mujeres que prefieran adquirir más cultura que belleza enfrentaran varios escenarios: estarán fuera del mercado o se conformaran con menos de lo que podrían conseguir.

Después de este análisis, se podría decir entonces que se esperaría una combinación de bonitos con bonitas, de cultos con cultas y que en semestres avanzados todas las mujeres y todos los hombres, o la mayoría de ellos estarían en relaciones con personas elegidas racionalmente dada la combinación entre gustos y cualidades. Esto puede llevar a que se podría crear una curva de demanda y de oferta y por tanto llegar a un punto de equilibrio de amor universitario. Sin embargo, la practica enseña que esto no es así y que por el contrario la cantidad de relaciones entre compañeros de salón son menos frecuentes de lo que se esperaría y que la elección racional no toma lugar. ¿Por qué fallo entonces el análisis?

Cabe preguntarse sobre ¿Qué tipo de condiciones impidieron que cada hombre encontrara su media naranja? ¿Qué tanto peso tienen los mercados secundarios? ¿Surgen nuevas condiciones con el paso del tiempo que impiden el surgimiento de noviazgos entre compañeros de clase? ¿A pesar de la corrección en las asimetrías de información por qué sigue habiendo decisiones irracionales o falta de decisiones?

Las decisiones de iniciar una nueva relación sentimental y de lanzarse a la aventura de conquistar una mujer, pareciera que hubiese un sinnúmero de variables que los hombres consideran. Ente ellas se reconocen gustos, condición social, imagen pública, afinidades, ente otros. Sin embargo estas variables, si se aplican a ellas el modelo hecho para la belleza y la cultura se puede llegar a ver que cumplen en su dinámica con un modelo basado en la racionalidad del consumidor. Sin importar el parámetro que se use para evaluar a la potencial pareja siempre entera en un análisis de utilidad maximizada en relación con los recursos disponibles por el hombre para acceder a determinada pareja. Entonces esto no permite entender el por qué de las decisiones que no siguen una dinámica racional.

Habría entonces entrar a buscar dentro de los agentes, los elementos que los impulsan a estas situaciones no deseadas. La mala interpretación de las variables evaluadas lleva consigo una mala toma de decisiones. Por tanto se puede inferir que lo que lleva a tales situaciones está en la visión propia de los agentes sobre la información que obtienen del mundo y el margen de respuesta que enseñan las futuras candidatas. Pero ¿de dónde proviene dicha interpretación de la información?

En el proceso de selección en temas de amor, los agentes no cuentan con modelos robustos de análisis de la información como los utilizados por las empresas, tampoco tienen disponibles avanzados software para hacer análisis técnicos o históricos de la información recibida de manera como lo hacen los financistas. Así mismo, por experiencia humana, los datos aportados por los participantes de este mercado, suelen no ser muy fiables dada la manipulación de la información por las fuentes que las suministran. Así, cada persona ha creado mentalmente su propio sistema de procesamiento y de interpretación de los resultados bajo el cual abrigan los argumentos para la toma de decisiones.

Dicho programa natural está alimentado por las experiencias del pasado de cada individuo, la información cruzada de todas las fuentes externas, la formación familiar y académica y la autoestima o autoimagen. Este último componente parece ser tal vez el que suministra los criterios de selección en la medida que después del análisis racional de las situaciones, matiza finalmente las decisiones tomadas por los agentes. Es la idea que cada uno tiene de sí mismo la que lleva a la interpretación única que cada persona da a la información que posee. Es por esto que para un mismo evento existen diferentes tipos de análisis, tantos como individuos haya observándolo.

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